Cuando aprieta el zapato

59418932_420227405469488_1658472780645007360_n

(A Los Atorrantes)

Emigrar no es fácil. No descubro nada con eso. Pero emigrar no es fácil.

No importa de qué emigras, no importa de qué te vas. Te vas, te estás yendo… de algo, de mucho o de todo.

Lo que conocías se queda en alguna parte, mejor o peor, pero se queda… y tú te fuiste. Ya nada es cómodo, probablemente nunca te volverás a sentir como pez en el agua, todo te costará más. Tu red de apoyo, tus conocidos, tus esquinas, tu olor, tu escuela primaria, el pasillo o la cama donde descubriste el amor, la manera en que los demás te entienden pronto, los gestos que reconoces desde lejos, la seguridad de saber identificar el peligro o la oportunidad, de adivinar si va a llover o no, de calcular la hora con solo ver el color del paisaje, el médico que te conoce de toda la vida, el pediatra de tus hijos, tus amores… se quedan.

No a todos se les queda lo mismo, pero todos dejan algo.

A veces dejas tu idioma, y entonces, por mucho que aprendas el nuevo, si te fuiste con edad suficiente, extrañarás emocionarte como mejor sabes. La emoción habla casi siempre en el idioma de tu madre.

A veces dejas el sol, y aprendes que el calor es lo mejor que se ha inventado, y que es cómodo, aunque tú pensabas que vivías en el mismísimo infierno.

Emigrar es una especie de orfandad, aunque la vivas sin drama, sin calamidad… es una orfandad que aún no descifro.

Pero hay algo en los huérfanos, al menos en los que conozco, una empatía parecida a la de quienes han tocado fondo (al propio me refiero). Algo que solo saben esos y que los demás pueden intuir, pero no saben.

Tenemos un grupo de Whatsapp, le pusimos Atorrantes porque la canción de Serrat nos retrata, o eso queremos. Somos seis, tres mujeres y tres hombres, estamos en lugares diferentes y emigramos de diferentes cosas y por diferentes razones.

Uno de los atorrantes vive en Cuba, pero quizá es solo un poco menos huérfano, porque si casi ninguno de tus amores está donde tú, ¿no te fuiste también con ellos?

 

Atorrante 1: Caballero, no me vayan a contar nadaaaaa del capítulo de GOT!!!

Atorrante 3: No mija, claro q no. Tú lo ves mañana?

Atorrante 1: Mañana me lo traen, tempranito.

Atorrante 4: No se valen ni soniditos? Ni un ahhhhhhh no lo puedo creer!!!!?

Atorrante 1: jajajjajaja, atrévete macho!!!!

 

Hablamos todos los días. A veces no puedes siquiera decir una palabrita porque tienes mucho trabajo, y hay que manejar mucho; y el otro tiene que llegar de la primera jornada y ponerse a terminar lo de la maestría; y aquel anda organizando no sé qué evento lejísimo y ¡contra! tiene tremendas ganas de contestar pero no puede: “caballero suave, que se me van los temas y yo loco por comentar, pero (¡…!) 106 mensajes pabajo!!!!, aflojen!!!!”

 

Atorrante 6: Deja que les enseñe lo que hicieron mis niños hoy en la escuela. Hicimos el mural del amigo, deja que vean lo que dibujaron, estos niños me sacan las lágrimas.

Atorrante 1: El mural?????? Jajajjaja, niña te van a botar de la escuela por diversionismo ideológico!

Atorrante 2: Manda fotos, me encanta verte así entusiasmada con esos niños.

Atorrante 6: Eso es porque tú no sabes la canción que usamos para empezar las clases los viernes ;’)

Atorrante 1: La calabacita????

Atorrante 6: Cuando yo era un enano

Atorrante 3: Ah no!, esta está en el paro y no lo sabe!

Atorrante 6: No caballeras, aquí se puede, a los niños les encanta.

Atorrante 5: Métele!!!!

Atorrante 3: Bueno, pero no te pases!!! Jajajjaja

 

Nos salvamos. Nos acompañamos. Nos peleamos. Nos reímos. Hablamos de política, del amor, damos chucho, compartimos música, películas, series, discutimos las últimas noticias; puede ser de las elecciones en España, o en México; de las fotos del agujero negro; de los avestruces de allá y los de aquí. Tenemos encarnizadas discusiones feministas, nos recitamos poemas, nos cantamos canciones, nos mandamos medicinas y estamos atentos a los horarios de los otros.

“Qué va! Como Les Luthiers no hay nada, olviditi”, “Oigan de nuevo ‘Postales del otro lado del mundo, de Baglietto’”, “Ya estoy quitada de Industriales, ya, es que aquello da grima, ¡menos mal que me queda el Barca!”, “Quién ha oído a Avishai Cohen?”, “Alguien sabe dónde encuentro The Newsroom?”. Hacemos monólogos, nos disfrazamos, nos mandamos foticos con todos los filtros posibles, compartimos memes y consejos legales y precios de pasajes.

 

Atorrante 2: No caballero, no les interesa, si no el pasaporte no costara lo que cuesta.

Atorrante 4: Yo no voy a opinar nada, ¿para qué? ¿Para que se limpien las nalgas con eso como siempre? Allá ustedes si quieren ser ingenuos.

Atorrante 1: Pero el problema es q si todo el mundo piensa así, pues ya, ¡todo a la mierda!!! ¡Y después no vayan a decir que hicieron algo pa evitarlo!!!!

Atorrante 2: Yo voy a opinar, no sé bien para qué, pero si.

Atorrante 3: Yo también, aunque sea para q alguien se tenga q leer el mamotreto q voy a mandar pallá

Atorrante 5: Si caballero, nosotros podemos cambiar las cosas, ¡se puede!!!!

Atorrante 6: jajjajaja… allá fue el optimista!

 

Arreglamos el mundo y lo desarreglamos. Cuando uno está flojo el resto lo nota, y nos dividimos en chats cómplices para traer de vuelta a quien se nos alicayó. No nos conocíamos, recorrimos las mismas calles quizá, habitamos los mismos espacios; pero es ahora cuando nos faltan cosas parecidas y ganamos otras que también se parecen. Nos quisimos fácil después de dos o tres teclazos; porque oímos las mismas canciones, tenemos cientos de amigos en común, las mismas películas nos rompieron los huesos, leímos los mismos libros, vimos los mismos muñequitos, contamos los mismos chistes y nos entendemos.

 

Atorrante 6: Simplicia, comiste? Cómete un pollo aunque sea.

Atorrante 3: Mija, ya te dije q soy vegetariana.

Atorrante 1: Monga es lo q es.

Atorrante 3: jajajajaja, Dice mi mamá que a mi es a la única q se le ocurre ser vegetariana ahora q estoy en contacto directo con el filete.

Atorrante 4: jajajajaja… verdad, q desperdicio!!! Sigue en la bobería. Yo tengo barbiquiú el domingo… jjjj

Atorrante 1: Hablando de pollo, en el grupo de ayuda q les conté avisaron que había pechuga en Palco, pero una matazón!!! No no… ese grupo es lo mejor, ahora estaban buscando un enrollador de motores… jajajajaja

Atorrante 6: En 3ra y 34 hay uno buenísimo, se llama Chichi.

Atorrante 3: Pero niña!!!!! Jajajajjajajajjaja

 

Cuando el zapato aprieta uno cierra filas con los “igualmente”, no es a propósito, es solo natural, más fácil. Mientras más diversidad vivimos, mientras más aprendemos de lo “otro” que va siendo también “nuestro”, más ciudadanos del mundo somos, es cierto y enhorabuena; pero la cabra tira pal monte, decía mi abuela.

Habrá entre nosotros a quien le importe más o menos Cuba; no se trata de dramatizar, ni de vivir añorando algo, porque el mundo es grande y hermoso –o terrible– y es de todos. Pero es a nosotros a quienes alguna esquina nos provoca un recuerdo, quienes mejor entendemos ese lugar.

En estos tiempos revueltos no puedo dejar de pensar en “el bien de todos” y en lo mucho que puede hacer por él todo lo que nos une y nos conecta.

Me encantaría que todos los cubanos que compartieron aquellas mismas esquinas, tan “atorrantes” como nosotros, lo entendieran así, desde la bondad. Mantener esa conexión es una decisión personal, pero es siempre un derecho. Facilitarla y aprovecharla para el bien de todos es un deber que me encantaría que el gobierno de mi país asumiera ya.

 

Anuncios

Solo me faltan sus pies

Podría ser su cuello, que ciertamente habité; podrían sus cejas, la parte de atrás de su cabeza, la hendidura que separa sus nalgas, sus tetillas, las oscuridades de su cuerpo.

Si fuera razonablemente cuerda podrían ser sus manos, o sus dedos, que saben de mi lo que no sabré, que entraron y salieronque se enredaron, que pidieron y devolvieron, manos y dedospor todas partes, que estuvieron y no, que pasaron calientes, sanas, felices, heridas, temblando, tan mías y tan de cualquiera, tan íntimas cuando mías, tan suyas mis manos suyas, tan sus dedos en mi.

Pero no es su cuello, ni sus cejas, no importa dónde apoya ajena su cabeza, ni la hendidura de sus nalgas, ni las oscuridades de su cuerpo, no importan sus manos. Otros cuellos, otras cejas, otras manos, otras nalgasen miotras.

Pero están sus piessus pies encueros, entre mis piernas, los dedos de sus pies que juegan y buscan y rozan y se empapansu pie entre mis manos, cada uno de sus dedos dentro de mi boca, mi lengua entre sus dedos, uno a uno sus dedos y mi lengua sus pies y yo mis labios en sus pies, sus pies en mi cara y en mis senosyo mordiendo y chupando sus pies que deliran y rompen y estallan sus pies en la luz y en el silencio, sus pies talones y sus pies de regreso¿cómo podré sobrevivir sin sus pies?  

Podría ser su boca, o sus ojos, o su voz, o su olorpero son sus pieso no.

 

La Habana, hace tiempo